Magic: la leyenda llega a los 50
sep 26th, 2009 | By Sánchez-Harguindey Daniel | Category: Articulos
Earvin “Magic” Johnson ha cumplido cincuenta años. Medio siglo de vida a sus espaldas, aunque pocos se olvidan de este jugador que revolucionó el baloncesto en la década de los 80.
Johnson era un jugador atípico ya que a pesar de tener cuerpo de pívot, jugaba de base. Sus 2’06 no concordaban con sus rápidos movimientos y su juego eléctrico, pero desoyendo a las leyes de la física, se convirtió en el mejor base de la historia. Toda su carrera trascurrió en los Lakers llevando a los de púrpura y oro a convertirse en una auténtica dinastía, conocida como el Showtime, por su manera única de ganar dando espectáculo.
Nació en Michigan un 14 de Agosto de 1959. El sexto de diez hermanos solía juguetear con un balón, que se lo regaló su padre, amante del baloncesto. Padre e hijo gozaban delante de la tele viendo a los Maravich, Robertson o Abdul-Jabbar, que quien se lo iba a decir, fue su compañero en los Lakers. Tanto le gustaba el baloncesto, que cuando iba al colegio, botaba durante todo el camino el balón con la derecha, y a la vuelta, con la izquierda. Incluso dormía apegado a aquel balón.
El apodo de “Magic” no le llegó en la Nba, sino a los quince años en el instituto, cuando un periodista le denominó así tras contemplar un encuentro en el que aquel chico imberbe registró 36 puntos, 16 rebotes y 16 asistencias. Realmente acertó, ya que nada expresaba mejor su manera de desenvolverse sobre una pista de baloncesto.
Mágica era también su capacidad para jugar en cualquier posición, algo que sólo sabía hacer él y lo demostró en su primer año como profesional. Llegó como flamante número uno del draft a los Lakers, donde ya le esperaba Kareem Abdul-Jabbar, su ídolo de la infancia y mayor anotador de la historia, que en ese momento era la estrella indiscutible de aquel equipo. Ese mismo año, los Lakers llegaron a la final frente a los Philadelphia 76ers del gran Julius Erving. Con 2-2 en la eliminatoria dio la sensación de que el sueño laker había terminado, ya que el gigante Kareem se lesionó en el tobillo en aquel encuentro, que finamente se llevaron los Lakers. Parecía imposible ganar un solo partido más a aquellos Sixers sin su gran estrella en pista.
Pero Magic tenía reservado uno de sus mejores trucos. Aquel recién llegado a uno de los equipos más laureados de todos los tiempos, juntó a sus compañeros en el vestuario, y con una sonrisa en la boca les dijo: “No tenéis por qué preocuparos, Magic está aquí, ganaremos”.
Esa no fue su última palabra. Posteriormente le sugirió a su entrenador Jack McKinney que, en ausencia de Jabbar, le colocara de pívot, ante la perplejidad de este, que no tuvo más remedio que aceptar viendo la confianza que tenía aquel novato en sí mismo. No le defraudó. Magic guió a su equipo hacia el anillo desde la posición de pívot, en un partido en el que consiguió 42 puntos, 16 rebotes y 7 asistencias. Fue nombrado, como no, MVP de las finales.
A partir de aquí, los Lakers comenzaron a reinar. A aquel equipo se le denominó el Showtime por su estilo particular de generar espectáculo, aunque el espectáculo estaba a cargo de aquel base de 2,06. Sus contraataques, sus pases sin mirar y su capacidad para llevar el ritmo de los partidos supuso una revolución en este deporte. ¿Quién afirmaba que no se podía ganar jugando bien? Su sonrisa constante, heredada de su madre, era la de alguien que disfrutaba con lo que hacía y que hacía disfrutar a los demás. El Staples Center se llenaba cada noche para ver a aquel equipo, y la NBA, que en aquel momento peligraba económicamente, aumentó de forma considerable su audiencia.
A la gente le volvió a gustar el baloncesto, y en especial aquella rivalidad con los Boston Celtics, con los que coincidieron en tres finales. En la temporada 83-84, Magic y Larry Bird se volvieron a ver en una final. La anterior fue en la NCAA, cuando los Michigan State de Earvin Johnson ganaron a los Indiana State de Larry Bird en el encuentro universitario más visto de la historia.
Esta vez, en la NBA, Bird, se pudo vengar ganando la final y siendo el MVP.
La segunda fue al año siguiente con distinto resultado. Los Lakers vencieron con un Abdul Jabbar, que a pesar de sus 38 años, seguía haciendo de las suyas, y con Johnson, que promedió 15 asistencias en postemporada.
La última fue en el 87. El momento álgido tuvo lugar en el cuarto partido, cuando Magic anotó aquel gancho caído del cielo por encima de Mchale y Robert Parish para sellar la victoria. Aquella fue su mejor temporada llegando a promediar 23 ptos, 12 asist. y 6 reb.
Pero hay veces en las que una bonita historia acaba con un trágico final. En 1991, a Magic se le borró aquella mítica sonrisa de la cara, cuando en una rueda de prensa, anunció que había contraído el virus del sida, lo que supuso una auténtica conmoción, no sólo para el baloncesto, sino para el mundo en general, especialmente porque era un jugador muy querido por los aficionados.
No pudo jugar en toda la temporada, aunque por petición popular jugó el Al-Star Game de 1992, en el que dejó canastas inverosímiles y unos contra unos frente a Isiah Thomas, uno de sus grandes rivales en la posición de base a lo largo de su carrera. Ya retirado jugó también con la selección estadounidense en los Juegos Olímpicos de Barcelona, formando parte de aquel Dream Team. En 1996, como les ocurre a todos los grandes, intentó volver, y a pesar de no hacerlo nada mal, tras una temporada reconoció que era hora de dejarlo. A su vez, ciertos jugadores manifestaron su deseo de no jugar con alguien infectado por el virus del sida, aunque posteriormente su vida ha transcurrido con normalidad.
El mundo del basket, por tanto, está de cumpleaños. Pocos se olvidan de lo que aportó al mundo de la canasta, y su manera de entender el deporte como un juego. Se retiró tras trece temporadas y cinco anillos a sus espaldas, pero sobre todo, con una legión de admiradores, que no dudan en colocarle entre los cinco mejores jugadores de toda la historia. Felicidades, Magic.
