Homenaje a Bill Laimbeer “El malo de la pelÃcula”
Jun 30th, 2009 | By Cyan | Category: Articulos
“Pensaba que Bill Laimbeer era el tipo más despreciable y desagradable de todo el baloncesto… pero por otro lado, siempre lo respeté como jugador.â€(Charles Barkley)
â€No necesito el amor de cien millones de personas para ser feliz†(Bill Laimbeer)
â€A Laimbeer se le recordará siempre como un matón, pero era mucho más que eso†(Dennis Rodman)
Bill Laimbeer ha sido el jugador que mas silbidos y abucheos ha escuchado a lo largo de su carrera profesional. A nadie le gustaba. Ni a los jugadores ni a los aficionados. Un tipo malencarado, duro – a veces en extremo – sobre la cancha, arrogante, provocador, y, además, con un juego que distaba mucho de ser atractivo para el público. Sin embargo, Billy fue el corazón de uno de los mejores equipos de la historia, aquellos Pistons conocidos como los “bad boysâ€, desplegando siempre todas las armas que su juego poseÃa para conseguir un solo objetivo: ganar.
Inicios.
Laimbeer pasó bastante desapercibido en la Universidad, jugando para Notre Dame durante 3 temporadas (del 76 al 79), y promediando unos discretos 7,4 p.p. y 6,3 r.p. Nadie se fijaba en ese chico blanco con gesto hosco que apenas despegaba los pies del suelo, y ello se reflejó en su elección en el draft de 1.979 por los Cleveland Cavaliers, que decidieron gastar en Billy el nº 21 de su tercera ronda (nº 65 en total) sin apenas esperanzas de sacar provecho de este jugador.
De hecho, las intenciones de los Cavs quedaron patentes cuando, a pesar de no contar con ningún jugador interior destacable en su plantilla, ni si quiera le ofrecieron un contrato garantizado, lo cual hizo que Laimbeer decidiera probar un año en Europa. Y se fue a Italia. La temporada 79-80 la disputó en la Lega con el Brescia (Pinti Inox), y aunque no se trataba de un equipo ni mucho menos puntero, individualmente esa etapa sirvió a Laimbeer para centrarse y adquirir confianza en su juego. Sus números en Italia, 21,1 p.p. y 12,5 r.p., fueron aval suficiente para que la franquicia de Cleveland lo reclamara y, esta vez sÃ, le firmara un contrato para comenzar su andadura en la NBA.
Bill desembarca en unos Cavs, en la temporada 80-81, que se encontraban instalados en la mediocridad. Eran uno de los equipos más flojos de la liga, con varias temporadas seguidas sin alcanzar los playoffs, y con ellos el joven Laimbeer completa un año rookie decente, con 9,8 p.p. y 8,6 r.p., en más de 30 minutos por noche.
Pero el curso 81-82 no empieza nada bien para Billy, porque los Cavaliers, aunque siguen siendo un desastre, habÃan tratado de mejorar su juego interior con varias adquisiciones – de entre las cuales destaca la de James Edwards, con el que luego compartirÃa de nuevo vestuario en otra época muy distinta – que reducen considerablemente sus minutos en cancha y frenan su progresión. Y la consecuencia lógica no podÃa ser otra: el traspaso.
Llegada a su hogar: Detroit.
A mediados de la temporada 81-82 Laimbeer recala en los Detroit Pistons junto a otro compañero de los Cavs (Kenny Carr) a cambio de Phil Hubbard, Paul Mokeski, y elecciones futuras del draft. Un intercambio este que no hizo nada de ruido, y que fue considerado de poca importancia entre franquicias menores. Pero Billy iba a aprovechar su oportunidad y a sorprender a todo el mundo.
Desde el primer dÃa el entrenador (Scotty Roberston) confÃa en él como titular, y juega más de 30 minutos en los 30 partidos que restaban para finalizar la temporada. Realmente fue el destino perfecto para Laimbeer, porque el bloque interior de los Pistons era uno de los peores de la NBA, y la solidez de Billy tiene acomodo inmediato en un equipo necesitado de rebote y fuerza bajo los aros. En esos 30 partidos, Laimbeer anota 12,8 p.p., y lo más importante, captura 11,3 r.p., empezando a destacar en ese aspecto, una tónica a lo largo de su carrera.
Aquellos Pistons estaban en pleno proceso de reconstrucción y tenÃan un plantel joven y con proyección. DiscurrÃa la primera temporada de un veinteañero Isiah Thomas, que en seguida se habÃa convertido en la estrella del equipo, junto con otro rookie, un alero blanco de gran capacidad anotadora – antiguo compañero de universidad del propio Laimbeer – llamado Kelly Tripucka. Y Laimbeer era la pieza interior que necesitaban para poder empezar a crecer.
Consolidación individual y crecimiento de los Pistons.
La temporada siguiente, 82-83, la primera completa de Billy en Detroit, va a ser la de su aterrizaje en la élite de los pivots de la liga. Con 13,6 p.p. y 12,1 r.p. (3º de la NBA), Laimbeer se coloca por méritos propios entre los mejores interiores del año, siendo seleccionado para el all-star por primera vez. Y si bien ese curso los Pistons no consiguen acceder a los playoffs, se quedan cerca. Ésta será la última vez en muchos años. El equipo evoluciona al ritmo de Thomas y Tripucka, y se asienta en la solidez de un Laimbeer que va teniendo el reconocimiento de compañeros y rivales. Se habÃa fichado también a un escolta rocoso y peculiar que suma anotación al grupo, y que respondÃa al nombre de Vinnie Jonson.
En la temporada 83-84, Billy da un salto más en su aportación al juego y se destapa anotando 17,3 p.p., además de coger 12,2 r.p. (4º de la liga). Es seleccionado de nuevo para el all-star. Su mayor responsabilidad ofensiva se debe a las ideas del nuevo técnico del conjunto, un hombre que será clave en la carrera de Laimbeer y en la del resto de los jugadores que integraron a los Pistons campeones del final de la década: Chuck Daly.
El curso 84-85 es el primero en el que Billy juega una final de conferencia, contra los Celtics. Los Pistons siguen creciendo, y Laimbeer continúa siendo imprescindible (17,5 p.p. y 12,4 r.p., 2º del año). Vuelve a all-star. Es uno de los mejores pivots del campeonato, de ello no duda nadie, pero al mismo tiempo va aumentando su fama de jugador duro, y ese año tiene varias peleas en la pista que comienzan a generar la imagen que todos los que lo veÃamos jugar entonces tenÃamos de él.
En el ejercicio siguiente, 85-86, lidera la tabla de reboteadores con 13,1 r.p., además de encestar 16,6 p.p., aunque ese año, por el contrario, no es seleccionado para el partido de las estrellas. Mucho tiene que ver la marcha del equipo, que se estanca peligrosamente en temporada regular, y no pasa de la primera ronda de los playoffs.
En ese momento, la franquicia, bajo la guÃa de Daly, entiende que es necesario dar un paso más para mejorar y aspirar realmente a algo. AsÃ, la temporada 86-87 presenta caras nuevas, pues Tripucka se va traspasado a Utah por otro prolÃfico anotador, Adrian Dantley, (tremendo y completÃsimo alero al que dedicaré otro artÃculo) que rinde desde el primer momento, y son elegidos en el draft Dennis Rodman y John Salley, que apuntan maneras ese su primer curso. Además, un escolta de segundo año que no habÃa destacado mucho empieza a ayudar. Este jugador responde al nombre de Joe Dumars. También se va dando más protagonismo a otro interior que no tuvo demasiados minutos el pasado año, y que se va a convertir en el socio ideal de Bill: Ricky Mahorn.
Los resultados no se hacen esperar, y tras una temporada de 50 victorias en la que Laimbeer, llamado por cuarta vez al all-star, comanda el juego interior de los Pistons con 15,4 p.p. y 11,6 r.p., Detroit se planta en la final de conferencia contra los mÃticos Celtics de Bird, McHale, Parish, Ainge y Dennis Johnson. Y menuda final del este. Fueron aquellas series en las que, en el quinto encuentro, Larry Legend roba el balón a Thomas en un saque de banda y asiste a Dennis Johnson para ganar ese partido. Fueron también unos choques durÃsimos, en algunas fases demasiado, con numerosos enfrentamientos entre los jugadores. Pero no sólo fÃsicos, sino también verbales. Rodman dijo aquello de “Bird está sobrevalorado porque es blancoâ€, algo que Isiah, para rematar, corroboró con su famoso “Si fuese negro serÃa solamente otro buen jugadorâ€. LÃo de los gordos. Para muchos, los “bad boys†nacieron en aquellos dÃas. Se encontraron a sà mismos.
Y Laimbeer pasó a ser considerado, definitivamente, el enemigo públicos número uno. Lo cierto es que se pegó con todos los Celtics a lo largo de la eliminatoria, y soltó sus codos de forma continua, y aunque los demás (de los dos equipos) no se quedaron atrás, las escenas más violentas lo tenÃan siempre a él como protagonista. Sobre todo aquella que tantas y tantas veces hemos visto por televisión. Larry Bird recibe el balón a la derecha de la canasta, finta el tiro, Billy salta, y cae sobre él, golpeándole con los dos brazos con una fuerza tremenda, y haciendo que el alero de los Celtics choque con el suelo…con el propio pivot encima. Aún no se sabe como Larry no salió lesionado de aquello, porque la impresión era que podÃa haberle arrancado la cabeza. Aún asÃ, Bird se levantó y le soltó un 1-2 a Laimbeer que éste trató de responder mientras los jugadores de los dos equipos intentaban separarlos formando un revoltijo. Lo mejor fue la cara de Laimbeer al ser expulsado (junto a Larry) como diciendo “si yo no he hecho nada….â€
Aunque hoy se recuerda sobre todo la polémica y las peleas de aquellas series, fue un privilegio ver semejante demostración de pasión y de baloncesto, con mayúsculas, por parte de estos dos equipos.
Aunque los Pistons salen derrotados en el séptimo y dramático partido de la eliminatoria, los cimientos están puestos.
Los años dorados: los “bad boysâ€.
La base de la mejora de Detroit en los años anteriores, en aplicación de la filosofÃa de su entrenador, ha estado en la defensa y en la rotación de los jugadores. Y en esa lÃnea se sigue trabajando, siendo Laimbeer el estandarte de dicha filosofÃa. Los Pistons van a por todas en la temporada 87-88. Añaden otra pieza más al puzzle con James “Buda†Edwars. Llegan a las 54 victorias en la regular, y, de nuevo, se plantan en la final de la conferencia este contra Boston. Pero ahora la historia es diferente, derrotan a los verdes 4-2, y alcanzan su primera final de la NBA. Cambio de ciclo. Se acaba la hegemonÃa de los Celtics en los 80, y comienza la de los “bad boysâ€. La fuerza y convicción de los Pistons se llevó por delante a los de Bird.
La temporada de Laimbeer fue tremenda. De las mejores de su carrera. Es clave para Chuck Daly, y es el jugador, dentro de una rotación muy amplia, que más minutos disputa junto con Isiah. Aunque, dado el nivel de la plantilla, su juego se va reconvirtiendo y no asume tanto protagonismo en ataque. Ya con 30 años, y con Dumars, Thomas, Dantley, Salley, Edwars, Vinnie y Rodman de compañeros, no es preciso que anote como antes. Aún asÃ, hace 13,5 p.p. y 10,1 r.p.
Las series finales contra los Lakers de Magic son espectaculares. Uno de los más apasionantes espectáculos que se han visto sobre una cancha de baloncesto. Comandados por Magic y Worthy, los angelinos se llevan el anillo de forma merecida 4-3, jugando maravillosamente. Pero la lucha continua de los de la Motown, épica en ocasiones (Thomas en el sexto totalmente cojo anotando 25 puntos en el tercer cuarto para 43 en total, Bill extenuado gritando y animando a Rodman en su defensa a Magic en el último), más la calidad y la profundidad del banquillo que mostraron a lo largo de los siete choques, nos dejaron la sensación a todos de que también Los Ãngeles iban a claudicar ante los “bad boysâ€. Una nueva fuerza se estaba llevando todo por delante.
Laimbeer vuelve a pelearse con todo el mundo, y los abucheos de los aficionados de los Lakers cuando agarraba el balón son los más constantes y agresivos que uno recuerda.
El objetivo del curso 88-89 no puede ser otro que el tÃtulo. Los Pistons empiezan arrasando a sus rivales en la temporada regular, pero aún quedaba completar el rompecabezas. A mediados de temporada, Dantley es traspasado por Mark Aguirre a los Mavericks. Este tremendo anotador, amigo personal de Isiah, viene a ser el arma final del que precisan los “bad boys†para rematar su arsenal. Aunque no todos estuvieron (estuvimos) de acuerdo en el cambio, lo cierto es que, vistos los resultados, no puede criticarse. Laimbeer hace, otro año más, una labor impagable, promediando 13,7 p.p. y 9,6 r.p.
Tras 63 victorias en la regular, los playoffs son un paseo para Detroit hasta la final de la NBA. Sólo los jóvenes Bulls de Jordan consiguen ganarles dos partidos, pero están lejos aún del nivel de los Pistons. La defensa a Michael, con ayudas de hasta tres jugadores, rayando el lÃmite de la legalidad, y con contacto fÃsico continuo (estrategia que se denominó “the Jordan rulesâ€) contribuyen esos dÃas a aumentar la imagen de duros, y aún más allá, de sucios de los de Detroit. Incluso Jordan perdió la paciencia y agredió a Laimbeer.
Y la final, contra los Lakers de nuevo, también resulta ser un paseo. Aunque las cosas se allanaron, puesto que los angelinos estaban sin Scott, lesionado, y Magic cae también en el segundo partido para no volver a jugar en las series, la superioridad de Detroit era clara, y pocos dudan que el anillo hubiera ido a parar al mismo sitio aún con todos los amarillos sanos. Con un 4-0, un Dumars excelso como MVP, y un juego de conjunto que pocas veces se ha visto, Laimbeer y sus compañeros disfrutan de su primer tÃtulo. La imagen de Billy emocionado, duchado en Champán, y abrazando el trofeo de campeones, es algo que a la mayorÃa de los aficionados de entonces nunca les hubiera gustado ver.
Los campeones inician el ejercicio 89-90 como lo terminaron, esto es, apisonando a sus competidores. Son el mismo equipo pero sin Mahorn, al que no se protegió en el draft de expansión de aquel año – fue elegido por los Wolves, pero nunca llegó a jugar con ellos, se negó y fue traspasado, recalando en los Sixers junto a Sir Charles – en una decisión que sorprendió, pues se esperaba que el “no protegido†fuera un veterano James Edwars. Pero Rodman y Salley suben prestaciones, y Dumars y Thomas están imparables. El propio Edwars triplica sus números en un año impresionante. Son aún más fuertes que el curso anterior, y llegan a las 59 victorias. Laimbeer, en su lÃnea, cierra el año con 12,1 p.p. y 9,6 r.p.
En esta temporada tiene lugar otra de la serie de grandes peleas que hicieron a Bill salir en todas las televisiones del mundo, esta vez con Charles Barkley, a puñetazo limpio, y, en una de ellas con Mahorn (!!!!!!) intentando poner paz. Con el “gordo†habrÃa muchas más trifulcas en los años siguientes.
Los Pistons vuelven a las finales de la NBA tras una tremenda serie contra los Bulls de Jordan – unos Bulls que están en la antesala de hacer historia – en la que “the Jordan rules†vuelven a causar impacto en el mundo de la NBA. La dureza que emplea Detroit contra “Air†provoca no pocos enfrentamientos a los largo de los 7 partidos de la eliminatoria. Los Pistons, otra vez, empujan, agarran y acorralan a Jordan hasta extenuarlo. Laimbeer es una roca para el juego interior de Chicago, su defensa los saca de quicio, y además anota varias de las canastas decisivas de la “guerraâ€.
Detroit vuelve a la final, y en ella demuestra que son un extraordinario e-q-u-i-p-o de baloncesto. Aplastan a los Blazers de Drexler 4-1, con Isiah de MPV, y Billy a un nivel tremendo, con 13,2 p.p. y 13,4 r.p., siendo pieza clave, de nuevo, en el segundo anillo de los “bad boysâ€.
En el ejercicio siguiente, los Pistons van a por el tercero consecutivo, pero no lo van a lograr. La pujanza de los Bulls de un hambriento Jordan lo impide. A pesar de una nueva temporada regular de 50 victorias, los años van empezando a pesar en algunos jugadores. Bill mantiene un buen nivel, con 33 años, sumando 11 p.p. y 9,0 r.p. En las finales del este, Chicago destroza a Detroit en un 4-0 histórico. IrrumpÃan los Bulls del primer “threepeatâ€, y derrotaban a los “bad boys†animados por el mundo entero. La gran mayorÃa de los aficionados disfrutaron enormemente al ver a los poderosos Pistons morder el polvo. Además cayeron con rabia, resistiéndose a morir, y utilizando en esa eliminatoria en exceso la dureza que los caracterizaba. Las escaramuzas y golpes fueron constantes, y la sensación de impotencia que dieron los de Detroit se reflejaba en la cara de sus integrantes, porque seguÃan siendo un muy buen equipo, pero nada podÃa contener a aquellos Bulls. Laimbeer, llevado por esa impotencia, derribó a Jordan y a Pippen innumerables veces, y tuvo varias enganchadas con ellos.
Con la salida de los “bad boys†a los vestuarios, segundos antes de acabar el último encuentro, sin saludar a sus rivales, muchos presenciamos el final de un ciclo.
Última época y cierre del telón.
En la 91-92 ya no están ni Vinnie ni Edwars, y a pesar de mantener el tipo en la temporada regular, los Pistons caen en primera ronda de playoffs. Laimbeer se pierde por lesión la mitad del año por primera vez en su carrera, la edad ya se nota, aunque mantiene su solidez con 9,7 p.p. y 5,6 r.p. Es el último año de Chuck Daly, y los “bad boys†mueren definitivamente.
Sólo jugara dos temporadas más, entre lesiones (la última apenas disputó 11 partidos), viviendo el declive de los otrora campeones, aunque poniendo todo de su parte, como siempre, con unos números decentes en torno a los 9 p.p. y 5 r.p.
Al final de la 94-95, dice adios, entre lágrimas, ovacionado por un público que lo idolatraba. Se va el corazón de los chicos malos, se va el pilar más sólido de un equipo campeón.
Carrera NBA.
Brillante, especialmente en lo colectivo. 2 veces campeón de la NBA, 4 veces all-star, máximo reboteador de la NBA (86), jugador número 19 de la historia de la liga en superar los 10.000 rebotes y los 10.000 puntos, 12,9 p.p. y 9,7 r.p., 49,8 % en tiros de campo de media a lo largo de sus 14 temporadas. Fue el jugador que más rebotes defensivos capturó en toda la década de los 80.
Todo ello, además, sin perderse apenas partidos hasta casi el final, y jugando más de 35 minutos de media. Una roca. Tiene una de las mejoras rachas históricas de la NBA en choques jugados consecutivamente, 685…y la serie se interrumpió por suspensión (alguna vez tenÃa que ocurrir), no por lesión.
Tiene retirado su dorsal número 40 por los Detroit Pistons
Su juego.
Bill Laimbeer era un jugador que aportaba innumerables cosas a su equipo. Y no sólo en aquellos aspectos que más podÃan saltar a la vista, como los puntos o los rebotes, sino también en aquellos otros que pasaban más desapercibidos para el gran público; los intangibles que tanto se valoran por los entrenadores.
En defensa, Laimbeer era un auténtico muro. Un jugador durÃsimo en sus marcajes, muy complicado de mover bajo los aros, y con una rapidez de manos que sorprendÃa a sus defensores. Aparentemente lento, y sin ser muy alto (2,09) sin embargo nunca llegaba tarde, nunca estaba descolocado. Si a todo ello le sumamos que esa dureza iba acompañada, en ocasiones, de numerosos golpes y constante contacto fÃsico, nos encontramos con uno de los defensores más feroces de la liga. Una de las peores parejas de baile que te podÃa tocar en aquellos años.
Y que decir del rebote. Todo un especialista. El mejor reboteador defensivo de la época. Sin tener las mejores condiciones fÃsicas para ello, dominaba los aros con un perfecto uso de su cuerpo y con una inteligencia extraordinaria cogiendo la posición. Un seguro de vida bajo la canasta. Ver como, partido tras partido, era el tÃo que más rebotes habÃa capturado, no dejaba de causar extrañeza teniendo en cuenta que apenas saltaba. Famoso fue su comentario sobre él mismo: “no soy capaz de saltar ni una guÃa telefónicaâ€. Pero ahà estaba, entre los máximos reboteadores del campeonato.
Sin ser un pivot taponador (rondaba el tapón por noche) tampoco estaba exento de capacidad intimidatoria, pues su propia agresividad defensiva llegaba a condicionar a más de un contrario. Además, curiosamente, la confianza de los rivales ante el poco salto de Billy solÃa jugarles malas pasadas, llegando a realizar tapones realmente inesperados y espectaculares. Recuerdo uno a A.C. Green llegando desde atrás que dejó enmudecido al Forum y al angelino tirado por los suelos con cara de estupor.
En ataque era tremendamente eficaz. Se fajaba como podÃa de espaldas al aro, y sacaba recursos para anotar, a través de semiganchos o buscando el balón doblado tras penetración de un compañero. A veces conseguÃa la canasta tras forcejeos en los que lograba levantar el balón, o tras rebotes ofensivos (para los que se colocaba también de forma excepcional). E incluso podÃa correr el contraataque y finalizar jugadas.
Pero, sobre todo, se le recordará ofensivamente por su tiro exterior. Laimbeer fue el primer pivot tirador. Al menos el primero que usaba el lanzamiento exterior como un recurso habitual de su juego, y no sólo como una solución de urgencia. Era habitual verlo salir de la zona, tras un “pick and roll†con Isiah o Dumars, recibir a 5 o 6 metros, y anotar. TenÃa una mecánica de tiro poco ortodoxa, con un pie por delante y dando un pequeño saltito. Incluso la primera vez que lo veÃas lanzar te resultaba hasta ridÃculo….pero cuando lo hacÃa por cuarta vez, dejabas de pensarlo.
Con el paso de las temporadas fue alejando más y más su rango de tiro, y aunque siempre anotó desde fuera, a mediados de su carrera empezó a convertir triples con cierta facilidad. En el curso 89-90 alcanzó su tope en una campaña, con 57. Y es de destacar que muchos de ellos se producÃan en momento claves de los partidos. Era un arma del que Billy sacaba un rendimiento máximo.
También era un muy buen lanzador de tiros libres (83,7 % de media en sus 14 temporadas en la NBA).
Rondando los 15 p.p. a lo largo de su carrera, con un máximo de 17,5 p.p. (84-85), podemos considerar a Laimbeer como un buen jugador ofensivo. Muchos piensan que, de haber tenido un carácter más egoÃsta, sus números hubieran sido mucho mejores en ataque. En sus años pre-“bad boys†era habitual verle encestar más de 20 puntos sin problemas. Pero a él nunca le importaron sus números, sólo querÃa ganar.
La cosa no acaba aquÃ, no, hay más. Hay aspectos del juego que no se pueden cuantificar. La intensidad que contagiaba a sus compañeros, el liderazgo, e incluso la seguridad que les daba, fueron esenciales para los “bad boysâ€. Esos Pistons nunca hubieran sido lo mismo sin Billy. Todos, incluido Thomas, reconocÃan en Laimbeer la figura protectora del que les cuida las espaldas. Y no me refiero sólo a que se pegara (literalmente) por ellos, sino a que sabÃan que era el centro de la defensa. PodÃas superar a Dumars, a Rodman, a quien fuera…pero al final siempre tenÃas que vértelas con Laimbeer. Además, aparecÃa en ataque cuando las cosas se ponÃan al rojo. Daly confiaba en él a ciegas. Thomas confiaba en él a ciegas. Todos lo hacÃan.
Billy encarnaba como nadie el espÃritu de los “chicos malosâ€, y por ello, por su dureza, por sus continuos enfrentamientos con jugadores, entrenadores, público (eran caracterÃsticos sus gestos provocadores tapándose los oÃdos de forma exagerada o moviendo los brazos imitando a una gallina cuando los aficionados le abucheaban), árbitros, propietarios, y hasta con el chico que vendÃa las palomitas (verÃdico), Bill Laimbeer era el jugador más odiado de los odiados Detroit Pistons. Porque, además, ganaban.
Momento culminante.
Con su equipo, la conquista de los dos anillos (88-89 y 89-90). Aunque nadie los quisiera, los “bad boys†fueron los mejores a finales de los 90.
Individualmente, el segundo partido de las finales de la NBA de 1990 – que curiosamente fue el único que los Blazers ganaron en las series, en la prórroga – en el que anotó 6 triples, para 26 puntos, cogiendo además 11 rebotes y dando 4 asistencias. En la prórroga encestó 9 puntos (record individual en una final de la NBA), incluido el último triple que ponÃa por delante a los suyos mientras el mundo enmudecÃa. Esa noche muchos aficionados se dieron cuenta, a pesar de que no podÃan ni verlo, de que realmente respetaban a este jugador.
Para el mundo entero hay otro momento a destacar en la carrera de Billy. Aunque este no se muy bien como calificarlo. DiscurrÃa el quinto partido de aquellas cruentas finales del este del 87. Laimbeer y Parish pugnan por un rebote. En el forcejeo, el codo de Bill choca con el cuello del “jefe†(sin especial dureza, pues habÃan existido escenas mucho peores en los partidos previos) que, de repente, se vuelve y lanza un par de puñetazos, uno de ellos directo a la mandÃbula de Laimbeer, y deja a éste KO en el suelo. Lo tenÃa harto. Nunca una agresión fue tan celebrada por el público. Era lo que todos los que veÃan aquellos partidos querÃan hacer.
A dÃa de hoy.
Laimbeer dejó la NBA y, en un primer momento, se dedicó a los negocios y actuó como comentarista de televisión. Pero pronto volverÃa al mundo del baloncesto, y, como no podÃa ser de otra forma, en su casa, aunque esta vez a la WNBA, como entrenador de las Detroit Shocks, en el 2002.
Hasta la fecha, su éxito es indudable, pues ha conseguido tres tÃtulos de la WNBA, y ha sido designado una vez entrenador del año.
¿Y adivináis quien es uno de sus entrenadores asistentes? Su antiguo compañero y amigo, Rick Mahorn. La pareja más temible de los 80 bajo los aros.
Debido a su buen hacer en la WNBA, ya ha sonado en varias ocasiones para entrenar en la NBA. Se dijo que Thomas pensó en él para entrenar a los Nicks, y Dumars hizo lo propio para los Pistons. No parece lejano el dÃa en que veamos el corpachón de Bill sentado en un banquillo de la NBA. Y lo cierto es que verlo dirigiendo a los Pistons serÃa, de algún modo, lo más adecuado. Detroit es su casa.
Curiosidades.
Laimbeer era millonario antes de llegar a la NBA. Su padre, un ejecutivo de la Owens-Illiinois, empresa de empaquetado con una facturación estratosférica, era rico, y Billy nunca necesitó hacer dinero. Se decÃa entonces que era la única estrella de la NBA que ganaba menos dinero que su padre. Y ello, como no, contribuyó aún más a ser despreciado por aficionados y rivales. En un partido, el incansable Barkley se pasó todo el tiempo llamándole “niño rico†y “niño mimadoâ€. Laimbeer estuvo sonriendo al “gordo†y guiñándole el ojo tras cada comentario. Al final Sir Charles se terminó enfadando y se enzarzaron en una de las grescas habituales de estos dos.
Una de aquellas peleas, la más famosa, tuvo tanta repercusión mediática por lo espectacular de la misma que, desde entonces, los partidos entre los Pistons y los Sixers de esa temporada (89-90) eran objeto de un seguimiento enorme por la posibilidad de una nueva trifulca. Se apostaba sobre la cantidad de puñetazos, quien darÃa el primero, el último, etc…porque se sabÃa que se zurraban seguro.
Incluso ambos jugadores se interpretaron a sà mismos en la pelÃcula “Hot Shots†(aquella parodia de otras como Top Gun y Rambo protagonizada por Charlie Sheen). En un momento dado se produce una pelea en un bar, y entre las imágenes, de repente, salen Laimbeer y Barkley agarrados forcejeando. Tal era la dimensión de los “combates†entre estos dos jugadores.
Laimbeer tuvo también presencia en el mundo de los videojuegos. En el año 91 salió al mercado un juego para la SuperNintendo llamado “Bill Laimbeer´s Basket Combatâ€. Ya podéis imaginaros……Simulaba un partido futurista sin reglas, sin faltas personales, con objetos que van apareciendo en la cancha y que servÃan para golpear o estallaban directamente, y Bill era el único humano que jugaba (los demás eran robots). A leñazo limpio. La verdad es que era muy malo. Tuve la oportunidad de jugarlo, y no pasa de ser una mera anécdota, si bien tenÃa su gracia la idea.
Y como sólo falta la música, pues resulta que también existe una canción inspirada en Laimbeer, que el grupo de hip hop conocido como los “Beastie Boys†le dedicó. Se titula “Tough Guy†(algo asà como “tipo duroâ€).
En definitiva, al margen de sus logros en la cancha y de las virtudes de su juego, de lo que no hay duda es de que se trataba de un jugador especial, con un carácter muy fuerte, y de un gran competidor. No dejaba indiferente a nadie. Era odiado (por la mayorÃa; célebre Horace Grant al retirarse Laimbeer : “Esta noche hay fiesta en mi casa. Está todo el mundo invitado.â€) y adorado (por sus compañeros y los fans de los Pistons). Era el malo de la pelÃcula, el villano, el enemigo de todos. Pero era un excepcional y diferente jugador de baloncesto.
Desde mis ojos.
No me gustaba. Como me iba a gustar ese tÃo con tan mala leche, tan sucio, malencarado, que no hacÃa una sola jugada bonita, que siempre protestaba, y que no paraba de golpear a mis jugadores preferidos. Para alguien que estaba abriendo los ojos a la NBA no podÃa resultar atractivo un jugador asÃ.
Por favor, si incluso desee por momentos que los Celtics ganaran aquellas series finales del 87 (¡yo, todo un Laker de la época!). Cuando Parish lo tumbó lo celebré por todo lo alto. Cuando Laimbeer casi mata a Bird lo desprecié profundamente. Su presencia en los all-star del 85 y el 87 incluso fueron una especie de broma de mal gusto para mÃ. Pero al mismo tiempo no podÃa dejar de preguntarme por qué estaba ahÃ.
Fue el primer jugador que me hizo empezar a mirar otras cosas al margen del espectáculo que el baloncesto NBA suponÃa. A parte de los mates de Jordan o Wilkins, de las asistencias sin mirar de Magic, de la elegancia de Erving, o de la hermosa eficacia de Bird, habÃa otras cosas.
Laimbeer fue un jugador atÃpico. Lo que tenÃa de decisivo, lo tenÃa de antipático. Ninguno de mis amigos se escogÃa jamás a este jugador cuando simulábamos algún partido en el patio del colegio.
Realmente creo que me di cuenta de lo gran jugador que era Laimbeer en la primera final que los “bad boys†disputaron contra mis Lakers. O mejor dicho, me di cuenta de que ya lo sabÃa, pero no me lo habÃa querido confesar a mi mismo.
En aquella final de la NBA se decÃa, por parte de la prensa de Los Ãngeles, que el juego interior de los Pistons tenÃa a “los matones†(Billy y Ricky) y a “los que juegan al baloncesto†(Edwards y Salley). Y me descubrà deseando durante todas las series que fueran los jugones de aquel equipo los que estuvieran más tiempo en la cancha…preferÃa que Laimbeer no apareciera. No porque fuera a pegar a nadie, no, para eso los Lakers tampoco andaban mancos, sino porque Detroit era mucho más Detroit con el pivot en la pista. Observé como peleaba cada bola, como ayudaba en cada jugada en defensa, como no le temblaba el pulso en ataque. Me encantaron aquellos partidos, y disfruté como un enano con el “showtime†de los angelinos capitaneados por el gran Magic. Pero los Pistons despertaron mi admiración, y, en concreto, Bill Laimbeer se ganó para siempre mi respeto.
Recuerdo que visioné aquellos encuentros muchas veces en aquel verano del 88, los estudié, los devoré, los analicé. Esos dÃas leà a Ramón Trecet, entonces comentarista de “Cerca de las Estrellas†(el primer programa dedicado a la NBA en España, que tiempos…) que contaba como habÃa preguntado a unos niños en un campus lo siguiente: “¿Cuántos de vosotros odiáis a Bill Laimbeer?†La respuesta fue unánime. Todos los niños levantaron sus brazos. Trecet añadió “Entonces Laimbeer está contento porque está haciendo bien su trabajoâ€. Aquello me caló hondo. Aunque seguÃa sin aguantarlo, lo veÃa de otra forma.
Incluso al año siguiente, en el segundo de sus anillos, a pesar de ir con todas mis fuerzas con Drexler y sus Blazers, recuerdo una extraña sensación en el partido de los 6 triples de Billy…algo asà como “eres un cabrón, pero te lo merecesâ€. Es curioso, seguÃa odiando a los Pistons y a Bill, pero no podÃa evitar alguna media sonrisa cuando, a lo largo de esa extraordinaria final de Laimbeer, éste hacÃa alguna de las suyas.
No por ello dejé de alegrarme sobremanera cuando los Bulls de Jordan los machacaron en la temporada siguiente. Compartà el sentimiento de venganza cumplida que tuvo la inmensa mayorÃa del mundo NBA.
Sin embargo, no me alegré nada cuando Laimbeer se retiró, porque se fue un grande. Y a los grandes, aunque sean enemigos, siempre es mejor tenerlos sobre la cancha.





magnÃfico artÃculo cyan.
IncreÃble cuánto te lo has currao. Y eso que no te gusta Laimbeer.
Espero impaciente el de Dantley.
Este tipo de artÃculos son una maravilla para todos aquellos que no hemos podido ver jugar a estos cracks.
Pues de los Bad Boys Laimbeeer era mi favorito, siempre me cayó muy bien. Un crack que aceptaba su rol ocupandose del juego sucio a las mil maravillas.
Me ha quedado clara una cosa, quiero saber mas de los Bad Boys y esos Detroit que hicieron del trabajo sucio su seña de identidad.
Ahora que parece que Detroit ha ido a la calle, Laimbeer for coach. Queremos dureza y no señoritas en el campo.
Gran articulo!!!!
Que quereis que os diga… Mientras todos quieren ser como Jordan, Bryant o demases, yo siempre me he sentido identificado con jugadores de este tipo…
Laimbeer, Garnett, Pachulia… y ojo que no solo en basquet… en futbol por ejemplo, mi idolo es Gravesen…
Supongo que por allá lo conocen bien….
xDDD
Gravesen… Gravesen… Gravesen…
Si aun dijeras “tripode” Makelele, pero Gravesen xDD
Una palabra: Chapeau!!!
Para ti Cyan y para el jugador.
Por cierto,según parece Curry no entrenará a Detroit y Lambeer parece que tendrá su oportunidad.
Lo cierto es que aquellos Pistons eran realmente feos de ver, pero irradiaban una filosofia de colectividad pocas veces vista. Fueron precursores un poco de lo que por esas fechas se traslado como concepto de juego a Europa con Limoges de Maljkovic o el Barcelona de Aito, intensidad extrema en cada acción del juego. Daly un gran legado el que deja, reconocido por sus jugadores “no hubiesemos ganado nada sin él”
Laimbeer era claramente el alma mater por encima del talento sobrenatura de Isaiah, era el padre de todos, y lo que dices un ganador superlativo. Una roca, que apenas levantaba los pies del suelo, aunque el Ironman creo que es AC Green.
Lo siento pero Mark Aguirre ya era de mis favoritos con Rolando Blackman en Dallas jajja…grandes duelos con Worthy.
Muy interesante articulo.
Excelente artÃculo Cyan… muy bueno… ojalá entrenase a los Pistons… mejor dicho… es el único que los puede devolver a la élite…
Ya se que no entro mucho por aqui a comentar, pero despues de leer el articulo de Cyan no me he podido aguantar………ENHORABUENA!!!!
Pedazo articulo.
Espero ansioso el siguiente….
solo pueo decir k m encantan este tipo d articulos ya k tngo 20 años i esa epoca m coje un poco lejos i ai jugadores sobre todo d este estilo k desconoco asi k gracias x l articulo i darte la enorabuena xk m parece un articulo increble¡¡
Gracias a todos, me alegra que os haya gustado.
En cuanto pueda preparo otro, tengo varios nombres en mente, y la verdad es que disfruto mucho recordando las andanzas de estos jugadores con los que aprendà a adorar este deporte.
Gran artÃculo Cyan. No tengo recuerdos en el momento de los Bad Boys (aunque luego he visto cosas a posteriori). Desde el momento que supe que Rodman habÃa comenzado su carrera ahÃ, me pregunté cuanta culpa tiene Laimbeer en el Rodman que conocimos después. Evidentemente, el gusano tenÃa algo más que los mimbres para convertirse en lo que fue, pero no me resulta difÃcil imaginar la figura de un mentor en el “bueno”
de Bill.
Por cierto, como sabéis ya no es el entrenador de las Shock, cargo al que renunció hace un par de semanas, asà que se huele algún movimiento en los Pistons no tardando.
buenÃsimo artÃculo, Cyan. Pena que no estuviera vivo para verlos, pero siempre me quedarán estos maravillosos artÃculos
Muy bueno.
Un saludo.
No se si es el sitio adecuado, pero me gustaria pedir un reportaje sobre el personaje mas misterioso y violento del mundo del baloncesto: John Brisker. Me entero de cosas pero mi ingles es un poco limitado, un saludo y espero que os animeis. Muy bien el reportaje de Bill Lambieer